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domingo, 2 de junio de 2013

Mi cuerpo helado.


Aquí donde acaban mis letras, aquí donde te llevaste la ilusión perdida.  Es aquí donde comienza mi partida.  Ya no quiero dedicarte mis minutos, ni mis horas ni mis olvidos, ya no quiero ponerle tu nombre al amor. Ahora te guardo en mis silencios, en la inconsciencia de mis relatos, en el ideal de la inexistencia de un amor para siempre. Ahora te entierro en este escrito, y sin quererlo, te revivo en cada uno de ellos.

Scarlet.

martes, 11 de septiembre de 2012

She´s back



Inexplicables las ganas que tenía de volver a escribir, pero últimamente mi sentido de la organización está pasando por una crisis momentanea. Aunque eso no evita que continuamente este tejiendo telarañas en mi cabeza que posteriormente me dan ganas de materializar aquí.

 Si no aprovecho ese momento de lucidez para escribir lo que pasa por mi cabeza, esto termina por ser un cumulo de ideas perdidas en el intento por la individualidad y concreción. En todo este tiempo de ausencia me ocurrió lo anterior y terminé por perderme en el intento.

Hace un par de días volví a acomodar mi cámara y me coloqué frente a ella con la intención de desembocar mis pasiones.





Scarlet.

martes, 5 de junio de 2012

Serenity





Viernes por la noche, me disponía a resguardarme entre las paredes de mi casa, bajo luz cálida con un poco de jazz en itunes y la serenidad de mi yo, queriendo olvidar por un momento el ruido de afuera: las trivialidades del mundo. 

Tenía tiempo deseando volver a pintar, incluso, ya había comprado un lienzo en blanco que pasó algunas semanas así, en blanco. Esa misma noche, lo miré y supe que era el momento de ponerle color. Saqué algunas pinturas y pinceles que ya tenía y, sin nada viajando por mi mente, empecé por llenarlo de pinceladas en azul. Pero cuando ya supe que me estaba dibujando, me detuve unos segundos a pensar como sería la boca, en ese momento mi estado de ánimo no se parecía al de una sonrisa, sin embargo opté por pintarme sonriente.

A la mañana siguiente, me desperté con sed de algo nuevo, me observé en el espejo justo así como me había levantado y pensé: "¿por qué no?", fue entonces que salí en busca de mi cámara y un "play" a la música. La diversión comenzó...

El temporizador no dejaba de sonar una y otra vez, hasta que vi el lienzo que ya había estrenado la noche anterior. Lo puse frente a mi cara deseando, por primera vez en mi vida, que nadie me leyera la expresión.