viernes, 25 de julio de 2014

Marañas de una ducha.



Las gotas resbalando por mi piel blanca, el ruido golpeando contra el suelo y dirigiéndose sin opción hacia las rejillas de la coladera. Mis manos sobre mi cabello, oprimiendo suave para hacer caer el resto de agua que iba absorbiendo a cada instante. Mi mente viajando de un pensamiento a otro con la rapidez como de quien se siente perseguido por las ideas.

-"Son 50 euros más si quieres que alguien pase por ti al aeropuerto y te lleve hasta tu dirección"- recordaba algunas voces del pasado.

-"¿Cómo puedes viajar así sin ningún plan, sin ningún destino?, yo tengo que armar y tener un itinerario para sentirme seguro".

-"No me gusta perder el control de las cosas".

Así fui pasando de una voz a otra,  ese flash back me llevó hasta esta palabra en la que llevaba varios días pensando: seguridad.

Seguridad, seguridad, seguridad, ¿existe tal cosa?, ¿de verdad podemos estar seguros de algo en nuestra vida o es simplemente que nos gusta y nos sentimos cómodos con la mera idea de su existencia?

Fui tejiéndola y tratando de desenmascararla para después exponerla y liberarme de ella.

¿Cuánto determina nuestras vidas esa idea de poseer seguridad? Queremos estar llenos de certezas, sentir el control en nuestras manos, y no hablo del de la televisión, aunque ese también. Pero tenemos esa constante necesidad de tener seguridad sobre el mañana, sobre nuestro futuro y pretendemos evitar a toda costa el dejarnos sorprender por aquellos infortunios que no estaban dentro de nuestros planes.

Preferimos continuar con nuestra pareja aunque ya no estemos enamorados de ella, aunque ya lo hayamos perdido todo, porque ello nos representa seguridad. Preferimos recorrer el mismo camino que ya conocemos y que sabemos que por ahí seguro llegaremos a nuestro destino en cuestión, que arriesgarnos a tomar otro por el que quizá lleguemos más rápido o sea más lúcido. De esta manera dejamos de probar e intentar cosas nuevas, porque tenemos miedo de lo que pueda pasar, porque representa inseguridad, atrevimiento, pérdida de control, vulnerabilidad y descontrol, todo eso a cambio de algo incierto. Poco a poco dejamos de vivir, de probar, de inventar, de descubrir, de ganar, de aprender, de confiar en el hermoso rompecabezas que arma la vida para nosotros.

Buscamos la seguridad a toda costa, porque nos hace sentir que tenemos el control, porque nos sentimos protegidos y tranquilos: seguros. Seguros de que si estudiamos una carrera obtendremos un buen trabajo que nos permita tener una mejor calidad de vida, y por tanto, una mayor seguridad sobre el abastecimiento de nuestras necesidades humanas. Seguros de que si nos casamos, no volveremos a estar solos y tendremos seguridad sobre una vida sexualmente activa. Seguros de que si nos convertimos en lo que nos han enseñado y en lo que demanda la sociedad, no seremos rechazados, ni sufriremos por luchar a contracorriente.

Tanta es nuestra necesidad de tal condición que los perversos se han dedicado a mostrarnos la parte más sucia, revolcada, frívola, grotesca y peligrosa del mundo. Por lo tanto cuidarnos y escondernos no parece ser opción. Así, conscientes y atemorizados de la "obscuridad" en la que vivimos, pagamos el precio que sea con tal de sentirnos seguros.

Observando alrededor me di cuenta de que en el fondo de las cosas, más que productos o servicios, lo que nos venden son ideas, ideas sobre la seguridad.

"Si usas este perfume seguro conquistarás a la chico(a) de tus sueños"
"Si compras este tratamiento seguro bajas diez kilos en una semana"
"Si viajas con nuestra compañía te evitarás cualquier problema que pueda surgir: viajas seguro con nosotros"
"Si utilizas nuestros productos, olvídate de las imperfecciones en la piel"
"Si te tomas estás píldoras, seguro le dirás adiós al estrés"

Es así que poco a poco vamos comprando "seguridades", vamos comprando tranquilidad aparente. Nos sentimos tan frágiles, vulnerables y dependientes que no nos damos cuenta del estancamiento en el que estamos viviendo. Ser conscientes de esto, ya implica tomar decisiones acerca de la postura que queremos tomar al respecto, y sea esta cual sea,  ya estaremos dándole por nosotros mismos, la figura que queremos al barro fresco que representa nuestra propia vida. Eso nos convierte automáticamente en artistas de nuestra propia existencia.

Ahora que no tengo certezas recuerdo que nadie las tiene y que ese sin fin de posibilidades que se muestran delante mío no son más que visiones que quieren curar mi vulnerabilidad frente a lo incierto del mañana.

Terminé mi ducha y corrí por lápiz y papel...

Scarlet.


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